Vandana Shiva: El “Cártel del veneno” impone transgénicos en Bolivia

La filósofa y escritora india, Vandana Shiva, denunció que la pandemia de covid-19 y el confinamiento son usados “por parte del Cártel del Veneno para impulsar los transgénicos” en América Latina. El “imperio del Cártel del Veneno” está conformado por gobiernos y élites empresariales aliadas a consorcios como Monsanto – Bayer o BlackRock, que imponen las semillas transgénicas e invierten en los incendios forestales en la Amazonía y Chiquitanía boliviana, así como en Argentina y Brasil: “En Argentina, en el bosque del Gran Chaco 250 mil millas cuadradas han sido deforestadas para la soya. La Amazonía está siendo quemada por soya”, denunció.

Shiva criticó la aprobación de semillas transgénicas en Bolivia por el gobierno de Jeanine Añez, en pleno pico de la pandemia de coronavirus: “Esto es dictadura. Esto es totalitarismo”, denunció durante su participación en el Encuentro con Mujeres de Latinoamérica, realizado en mayo.

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¿Quién es Vandana Shiva?

Filósofa y escritora india. Activista en favor del ecofeminismo y la agricultura sostenible. En 1982 creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica “Navdanya”, contra la lógica de los alimentos transgénicos. En 1993 recibió el Premio Right Livelihood también llamado Premio Nobel Alternativo. Ese mismo año se le otorgó el Global 500 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y el premio internacional del Día de la Tierra, también de las Naciones Unidas. Es una líder del Foro Internacional sobre la Globalización, así como un miembro destacado del movimiento antiglobalización. Autora de varios libros, entre ellos Biopiratería, el saqueo de la naturaleza y del conocimiento (2001); Cosecha robada. El secuestro del suministro mundial de alimentos (2003); y Manifiesto por una democracia de la tierra (2006), donde propone este concepto como alternativa al capitalismo.

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Transcripción y traducción de la videoconferencia de Vandana Shiva en Encuentro con Mujeres de Latinoamérica (15 de mayo de 2020)

“Que estemos juntos, a pesar de una cuarentena, a pesar de la diferencia de idiomas, muestra que no puedes encerrar el corazón de la solidaridad humana.

Cuando la pandemia del Coronavirus se propagó, hubieron tres cosas que vinieron inmediatamente a mi mente. La primera: cómo la destrucción o invasión de los bosques está causando nuevas epidemias, ya sea el Ebola, o Nipah virus, o zika, o las diferentes Sars, y ahora el Coronavirus. La segunda: que todos los agrotóxicos que se han propagado están haciendo a nuestros cuerpos vulnerables. Justamente hoy leía una investigación sobre cómo los pesticidas incrementan el estrés inmunológico de nuestro cuerpo. Y la mayoría de las muertes están sucediendo por la combinación del virus y los cuerpos que han sido dañados. Y tercero: dije, van a tratar de usar la cuarentena para desregular y para todo lo que no pueden cuando la gente está afuera en las calles, cuando la gente está democráticamente organizada.

Veo este virus y la historia desplegándose en torno a él como algo que encarna múltiples relatos, múltiples historias, incluyendo las futuras historias que están siendo escritas por los poderosos y que nosotros también estamos escribiendo en  nuestra imaginación.

En la base de estas múltiples explotaciones, está por supuesto la ilusión de nuestra separación de la naturaleza, de que los humanos no son parte de la naturaleza, la historia que creó el colonialismo y el imperio de los combustibles fósiles, de que algunos seres humanos son superiores a otros seres humanos y que pueden ser los dueños de la naturaleza y los dueños de otros seres humanos. Esa historia de colonización está siendo escrita incluso ahora mismo.

Y por supuesto que la historia de terror colonial derivó en la industrialización impulsada por los combustibles fósiles que en los últimos cien años dio origen a los químicos, empezando por los laboratorios de Hitller, y después de las guerras, invadiendo nuestros cultivos. La industrialización combinada con el colonialismo y luego combinada con la globalización neoliberal de los últimos 25 años, nos han generado todos los problemas que el planeta enfrenta, que la humanidad enfrenta y que las mujeres enfrentan.

La ilusión de la separación de la naturaleza la he denominado el apartheid ecológico’. Y este apartheid ecológico convierte a la naturaleza en materia muerta por ser explotada, pero también convierte a los cuerpos de aquellos que han sido cosificados: de las mujeres, de los pueblos indígenas, de los  campesinos, de los trabajadores, en materia prima de las minas de donde el trabajo puede ser extraído.

El patriarcado capitalista, la estructura de la fusión entre la dominación de la mujer y la dominación del dinero sobre nuestras vidas, es la estructura a través de la cual se pretende extinguir la creatividad de la naturaleza, la creatividad, la soberanía y la autonomía de las mujeres, de nuestras mentes, de nuestros cuerpos, de todos los pueblos indígenas. Hay un intento de borrarlas y extinguirlas pero nunca se van a extinguir.

La historia del coronavirus se teje con la historia del agronegocio globalizado impulsado por los agrotóxicos. Es la invasión de los bosques. El Nipah surgió (en Malasia) cuando las plantaciones de palma aceitera destruyeron la selva en Indonesia. El Ebola surgió cuando la selva Africana fue destruida. Miren alrededor los bosques que han sido destruidos por la soya, en Argentina, en Brasil. En Argentina, en el bosque del Gran Chaco 250 mil millas cuadradas han sido deforestadas para la soya. La Amazonia está siendo quemada por soya.

Cómo es que de los muchos granos que crecen en el mundo, un solo grano genere un nuevo imperio, como en otros tiempos el algodón se convirtió en la base de a la esclavización de africanos en América y de la colonización de América, exterminando al  90% de los indígenas. Este imperio de la soya es un imperio transgénico, es el imperio del “Cártel del Veneno”, es el imperio de los fondos de las empresas de gestión de inversiones  como BlackRock.

En 1998 tuve que hacer un acto de desobediencia civil, una no-cooperación con el peor caso de dumping (venta a pérdida) de aceite de soya transgénica en India. India es un territorio de tanta diversidad, y en cada parte del país distintas plantas nos dan nuestros aceites comestibles. En Kerala que es la tierra del coco, usan el coco, en el norte usamos mostaza, en la India central usan semillas de sésamo y linaza. Cada parte de India tiene un aceite diferente. De la noche a la mañana en 1988, todos nuestros aceites indígenas fueron prohibidos para inundar el mercado con soya transgénica, y tuve que marchar en las calles con mujeres que decían: “devuelvan nuestra mostaza, devuelvan nuestros aceites”. Tuvimos que hacer un acto de desobediencia civil.

La soya es un alimento del este asiático y nunca ha sido consumido como aceite, nunca ha sido consumido sin fermentar porque contiene factores anti nutricionales. Por eso se la come en tofu, miso, todos alimentos fermentados.

Con la globalización la soya se convirtió en el mayor cultivo, cubriendo toda Latinoamérica, y esa soya era genéticamente diseñada: Roundup Ready[1], entonces con ella se expandió el uso de glifosato, el uso de Roundup. Con ella se expandió el cáncer, y con ella se extendió la extinción de otras especies.

El argumento que siempre se usa es: “Necesitas ingeniería genética para alimentar al mundo”. Y esto es falso científicamente por dos motivos básicos: el primero es que el 90% de la soya transgénica va a la alimentación de animales  y biocombustibles, no para los humanos. Y en cualquier caso, la bioingeniería como tecnología no puede mejorar el rendimiento. Todo lo que puede hacer es añadir un gen tóxico. El rendimiento viene de la planta original.

Y nadie en el mundo decía “renunciemos a nuestros granos”, nadie dijo “queremos soya”. Ha sido impuesta porque en cada semilla transgénica hay una patente, y con cada patente hay una regalía que va a Monsanto y Bayer.

Fundé el movimiento Navdanya en 1987, cuando escuché que el “Cártel del Veneno” que trajo los químicos a la agricultura, ahora decía: “queremos ser dueños de la semilla”, y la única manera en que podamos ponerle una patente a una semilla es a través de la modificación genética. Y así expandiremos los transgénicos por el mundo y crearemos una ley internacional, que para ellos iba a ser la OMC (Organización Mundial del Comercio) y su acuerdo de propiedad intelectual, para someter a cada agricultor a una esclavitud de sus semillas, en la cual los agricultores les estarían pagando regalías. Y ese día mientras lo escuchaba dije: “este es un imperio de toda la vida” y no importa lo que cueste, este imperio debe ser detenido si la vida debe continuar.

Así que guardamos semillas, promovimos la agroecología . Pero trabajamos con leyes. Y sé que al igual que las leyes en la India dicen que las semillas no son un invento, las leyes en Argentina también lo dicen, y las leyes en Brasil lo dicen, porque nos damos cuenta de que inyectar un gen en una planta no hace la planta, la planta se hace a sí misma porque es creación.

Este es el trabajo con el que aún debemos continuar, incluso desde nuestros lugares individuales. Nos resistimos al uso de la pandemia y el confinamiento por parte del “Cártel del Veneno” para impulsar los transgénicos.

Bolivia, que es el país donde empezó el proyecto de Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, y yo fui parte de ese proceso. El país donde iban a nacionalizar el litio, que es vital para las baterías y autos eléctricos y nuestros pequeños teléfonos. Expulsaron a un líder electo para que entre una líder no electa, ahora está aprobando los transgénicos. Esto es dictadura. Esto es totalitarismo.

Pero además, mientras estamos confinados en la cuarentena del coronavirus, hay nuevas dictaduras siendo planeadas por quienes han hecho miles de millones a nuestra costa. Estoy escribiendo una reseña sobre una nueva patente que he encontrado. Y me aseguraré de enviarles este artículo, para que puedan compartirlo, para que construyamos el siguiente paso de nuestros movimientos.

Entonces tomaron nuestros cuerpos y nos hicieron esclavos, tomaron nuestra tierra, lo siguen haciendo en el Amazonas, y nos convirtieron en personas sin hogar en nuestras propias casas. Han patentado nuestras semillas y ahora quieren patentar nuestros cuerpos y nuestras mentes.

En el pico de la pandemia de Coronavirus, el 26 de marzo de 2020, la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, alquiló una patente a Microsoft. El número es: WO/2020 666. Esta patente es sobre la actividad del cuerpo humano, para robar la datos de la actividad de nuestros cuerpos, convertirla en un sistema de algoritmos y después darnos un valor. Y así decir, tú puedes vivir y tú no puedes vivir, tú vales este tanto y tú este otro. Esto es suficiente como para que toda la humanidad se levante en contra del orden mundial que quieren crear de una nueva esclavitud digital basada en la piratería del cuerpo y la mente humana. Nos están convirtiendo en la siguiente colonia, somos la última frontera, somos la última materia prima, y la información de nuestros cuerpos, robada sin nuestro permiso ¿Es esto sobre lo que estos patriarcas piensan construir su futuro? Nosotras las mujeres tenemos un aviso: no pueden colonizarnos.

Permítanme retornar a la soya. El Amazonas es una selva muy rica con culturas ricas, pero ellas tienen su propia organización, ellas viven de acuerdo a la ley de la Madre Tierra, para sustentar a la Madre Tierra. Las corporaciones no perciben ningún ingreso de esto, entonces plantarán soya porque pueden ganar dinero con el Roundup, con las patentes, y con el comercio de la mercancía, pero peor aun, con el futuro negocio que ambicionan, sobre el que les contaré.

En los últimos 25 años de la globalización neoliberal, mientras la soya invadía Latinoamérica, mientras la globalización destruía la agricultura en todas partes, un grupo de multimillonarios emergió. Estos multimillonarios necesitaban hacer más dinero del que ya habían hecho, así que fuera de su dinero, vinieron nuevas empresas de gestión de activos que no hacen nada. Liderando entre ellas está BlackRock. Durante la crisis del coronavirus Blackrock saltó de 7 trillones a 23 trillones de dólares en valor de activos. Imagínense. Y ellos están conduciendo la quema del Amazonas, ellos están dirigiendo la imposición de la soya transgénica. BlackRock está invirtiendo en las empresas que están quemando el Amazonas.

La economía de la naturaleza, la economía indígena, la economía de las mujeres, son todas economías circulares. Están basadas en entregar. Devolvemos a la tierra, nos regalamos entre nosotras, y esa economía del regalo ha creado la verdadera prosperidad. Y esto es lo que esta gente extractivista, fabricadora de dinero no puede tolerar. No pueden tolerar una semilla que se convierte en otra semilla, no pueden tolerar una comunidad que se alimenta a sí misma, no pueden tolerar a las mujeres que son soberanas.

A lo largo 25 años destruyeron la soberanía alimentaria, que es la razón por la que muchas personas trabajan tan duro para defenderla.

Navdanya trabaja para defender la soberanía de las semillas y la soberanía alimentaria. Pero ellos reducen todo a una mercancía, y la misma soya puede ser biocombustible, puede ser para alimento de animales, una parte puede ir a alimentar personas, pero ahora quieren ir aún más lejos. Quieren agricultura sin agricultores y alimentos sin cultivos.

Tratan de presentarnos como si no supiéramos cómo cultivar. Y están hablando de agricultura digital, agricultura de precisión, para deshacerse de las personas. Y el otro día Bayer, que compró Monsanto, dijo: “tenemos tecnologías tan inteligentes que, desde el cielo, nos permiten decirle a la planta (pueden decirle a la planta, como si ésta no supiera ya) cuándo avisarle al agricultor que  necesita agua”. Entonces nos están robando a nosotros y a la creación de toda nuestra inteligencia, creyendo en esta historia mítica de la inteligencia artificial como el futuro de la inteligencia -que viene sin ecología, sin compasión, sin cooperación- puede moldear el futuro de nuestro planeta .

Y lo que quieren hacer con la soya, además de usarla para biocombustibles y alimento para animales, el excedente no lo quieren como grano. Quieren romperla en carbohidratos y proteínas para poder venderla a fábricas que procesan alimentos en sistemas industriales gigantescos. Así es como crearon la hamburguesa imposible, la hamburguesa sin carne que luce como carne ¿Y quiénes son los que invierten en esto? Los mismos multimillonarios de Silicon Valley que están tratando de robarnos nuestro verdadero alimento, lo que significa robarnos la salud, lo que significa robarnos conocimiento, y no lo vamos a aceptar.

Entonces les invito a unirse a todos los movimientos para prepararse para tres cosas:

La primera, es continuar nuestra lucha contra los agrotóxicos, el Roundup y Glifosato, contra los transgénicos, porque todo esto está basado en absolutas mentiras.

Creo que lo que el mundo necesita es juntar todas estas piezas: ¿Cómo funciona el sistema alimentario bajo el control de las corporaciones? Contemos la historia desde los ojos de las mujeres. ¿Qué le ha hecho la soya [transgénica] al cáncer, qué le ha hecho a los bosques, qué le ha hecho a los campesinos, qué le ha hecho a los pueblos indígenas? Y luego veamos las alternativas de cómo podemos cultivar buenos granos, buenos aceites, en sistemas de diversidad, sin venenos. Lo hemos hecho en Navdanya y podemos alimentar al mundo entero si volvemos a la diversidad y a la agroecología. Trabajemos juntos a pesar de que hayan creado estos muros, como los hemos trascendido para esta llamada de zoom, vamos a sobrepasarlos para contar la historia global desde la perspectiva de las personas.

Y permitámonos en toda nuestra diversidad empezar a articular las Leyes de la Madre Tierra en nuestras culturas específicas. Cómo de las Leyes de la Madre Tierra emerge la Ley de la Semilla, emerge la Ley de la Tierra y cómo deberíamos cuidar del suelo. Emerge la Ley del Agua, la Ley del Aire, la Ley de la Salud, la Ley de nuestros cuerpos. Contemos nuestra historia, para que esta mejor historia determine el futuro, y no esas patéticas, codiciosas y limitadas mentes de quienes solo saben hacer dinero a costa de la vida.

Y porque este es un encuentro de hermanas, a las hermanas de Latinoamérica les digo: démosle una nueva fuerza a nuestro antiguo movimiento, en el que afirmamos que nuestros cuerpos, nuestra vida, no están aquí para ser explotados, no están aquí para ser pirateados. Y empecemos una campaña contra estas patentes que quieren convertir nuestros cuerpos y mentes en la colonia del nuevo imperio. No queremos más imperios, los imperios del pasado ya han hecho suficiente daño. Ahora queremos sembrar las semillas de nuestra democracia. Y espero hacerlo con ustedes durante los próximos años”.

Enlace del evento completo: https://www.youtube.com/watch?v=lBXVRki8dC0

Traducción: Cayara Aguilar
Revisión: Yara Terrazas

[1] Variedad transgénica tolerante al agrotóxico Ruondup. El glifosato es el principio activo del herbicida Roundup (nombre comercial producido por Monsanto comprada por Bayer en 2018,6​ cuya patente expiró en 2000). Monsanto patentó en algunos países la soja transgénica resistente a glifosato, conocida como soja RR (Roundup Ready) o soja 40-3-2, tecnología que permite la aplicación del herbicida en cobertura total sin afectar el cultivo. Existen actualmente en el mercado otras especies resistentes al glifosato, como maíz, algodón, canola, etc. El uso del herbicida es objeto de controversia desde el punto de vista toxicológico y ambiental (wiki.es).

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